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También se apela con recurrencia inusitada a instrumentos de terror como armas corto-punzantes (cuchillos y bayonetas) y objetos contundentes (palos). Las rutas del terror se construyeron como recorridos que fueron imprimiendo marcas de violencia por el territorio, como parte de un verdadero dispositivo organizado desde un centro donde se concentraron las atrocidades, escenario principal donde no sólo se ocasionaron más muertes, sino donde se obligó a un público amenazado a vivir en el limbo de ser al mismo tiempo espectadores y víctimas del espectáculo, presenciando atrocidades como las que ocurrieron en el parque principal de El Salado el 18 de febrero de 2000: Torturas, suplicios y ejecuciones de sus familiares, amigos y vecinos.

Tenía 47 años. La señora Margoth, que era la mujer de Néstor Tapias, a ella la cogieron, la tiraron, la levantaron a porro, a pata, y ella no quería tirarse al suelo, al fin que la tumbaron […] Bueno. A ella le decían “hijueputa, acuéstate; malparida, tírate, tírate” y eso le daban porro, le daban pata, la trababan, hasta que la tumbaron. Eso era lo que decían “tírate, hijueputa”. Y era así, hijueputa y malparida, y dándole pata y dándole porro, y ella no aguantó y cayó. Entonces la mataron así41 Continuaron con Rosmira Torres, de 46 años, madre comunitaria y mamá de Luis Pablo Redondo.

Cuando lo hizo, los paramilitares abrieron fuego y ella recibió los disparos. Moribunda ingresó a su casa y se acostó, seguida de los paramilitares quienes entraron para rematarla. Las personas que se habían escondido en la casa fueron sacadas a la fuerza y conducidas hacia el parque principal. Allí también balearon a Eloy Montes Olivera. Entretanto otros intentaban huir por los montes, pero se encontraron con el cerco paramilitar y allí fueron asesinados a bala Rogelio Ramos, Víctor Arias Julio, de 67 años y José Irene Urueta, de 55, y con objeto contundente Wilfrido Barrios.

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